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Figuero
PLANTEAMIENTO

Figuero es una bodega familiar de la D.O. Ribera del Duero nacida del vínculo profundo entre una familia y su tierra. Un proyecto construido a lo largo de generaciones en torno al respeto por el terruño, la tradición vitivinícola y el conocimiento transmitido de padres a hijos.

La marca surge como la evolución natural de una familia de viticultores que durante décadas cuidó sus viñas para algunas de las bodegas más reconocidas de la región, hasta dar el paso definitivo en 2001 con la creación de su propia bodega. Figuero representa así el paso de viticultores a bodegueros, una manera de poner en valor su legado y convertirlo en vinos capaces de transmitir su paisaje, su origen y su forma de entender el tiempo.

RETO

El principal desafío consistía en construir una marca capaz de reflejar la profundidad de este legado familiar y transmitir la autenticidad de su relación con la tierra. Era necesario articular un relato claro que conectara tradición, conocimiento y paisaje, proyectando a Figuero como una bodega contemporánea sin perder la esencia que la define.

Además, la marca debía posicionarse desde la maestría vitivinícola, el orgullo familiar y la búsqueda constante de la excelencia, comunicando una identidad experta pero cercana, orgullosa pero no arrogante, exigente pero nunca rígida. Una marca capaz de expresar su compromiso con el terruño, las personas y el paso del tiempo.

SOLUCIÓN

Baud desarrolló una estrategia de marca que pone en el centro el origen de Figuero: la unión entre una familia y la naturaleza. A partir de esta base se construyó una plataforma estratégica que articula el propósito, los valores y la personalidad de la marca, dando forma a un relato coherente que conecta legado, conocimiento y emoción.

La marca se construye sobre una idea clara: Figuero, el orgullo de nuestras viñas viejas. Una identidad que celebra el tiempo, la paciencia y el saber transmitido entre generaciones. Una bodega en la que creer, que entiende el vino como la expresión más auténtica de su paisaje y de las personas que lo trabajan.

Varias generaciones unidas por el amor al terruño.

El universo de Figuero se construye desde la relación íntima entre la familia, la viña y el tiempo. Cada vino es la expresión de un paisaje concreto, La Horra, y del conocimiento acumulado durante generaciones que han aprendido a observar, escuchar y acompañar a la naturaleza con respeto. Una manera de trabajar que entiende el vino como el resultado de la paciencia, la espera y el cuidado constante del viñedo.

La experiencia de marca se articula en torno a esa conexión profunda con el terruño. Desde las viñas viejas hasta el trabajo artesanal en bodega, todo responde a una filosofía clara: intervenir solo lo necesario para permitir que la naturaleza se exprese con autenticidad. Una forma de hacer que combina tradición, conocimiento y sensibilidad para ofrecer vinos que emocionan, transmiten y acompañan los momentos que realmente importan.

Un nuevo portfolio para expresar la estrategia

Como parte de la transformación de marca, Baud abordó una redefinición completa del portfolio de productos. El objetivo era alinear la gama de vinos con el posicionamiento estratégico de Figuero, reforzando su aspiracionalidad y proyectando con mayor claridad el valor de su origen, su saber hacer y sus viñas.

Se diseñó una nueva arquitectura que ordena el portfolio permitiendo estructurar la oferta desde los vinos de mayor rotación hasta aquellos que representan la máxima expresión del terruño. Esta nueva lógica no solo clarifica la propuesta para el consumidor y el canal, sino que construye una narrativa coherente sobre el origen y la complejidad de cada vino. 

El trabajo implicó también la revisión de naming, roles y jerarquías dentro de la gama, potenciando los vinos de mayor valor y redefiniendo otros para reforzar el posicionamiento premium de la bodega. Un ejercicio estratégico que permite ordenar el crecimiento futuro del portfolio y convertir cada vino en una pieza coherente dentro del relato global de Figuero. 

Creer en lo que sientes.

La estrategia también se tradujo en un conjunto de implicaciones que afectan a todos los puntos de contacto de la marca: desde la comunicación y la experiencia hasta el producto y la cultura interna. El objetivo era proyectar una marca más aspiracional y creíble, capaz de poner en valor su saber hacer, su legado familiar y la importancia de sus viñas como origen de todo. A partir de estos principios se construye un universo donde el conocimiento vitivinícola, el orgullo familiar y el compromiso con la tierra se convierten en el eje del relato. Un sistema coherente que permite a Figuero expresar con claridad quién es, qué la hace diferente y por qué es, verdaderamente, una bodega en la que creer.

Figuero, la unión de una familia con la naturaleza.

Hoy Figuero se proyecta como una marca más clara, aspiracional y coherente con su origen. Una bodega que pone en valor sus viñas, su saber hacer y el legado de una familia que ha dedicado generaciones a la tierra. Una nueva expresión de marca que ordena su portfolio, refuerza su identidad y proyecta con fuerza lo que siempre ha sido: una bodega en la que creer.

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